La joven arquitectura, con la valenciana Carolina Martín, Amanda Luisa Koivisto y Paula Gran Blázquez, propone hoy un cambio de paradigma en la vivienda para responder a la crisis, defendiendo espacios flexibles que se adaptan a las diversas necesidades de los habitantes.
- La joven arquitectura defiende un cambio de paradigma en la vivienda para responder a la crisis, proponiendo espacios flexibles que se adaptan a las diversas necesidades de los habitantes.
- Las nuevas propuestas arquitectónicas permiten integrar actividades como el trabajo y el ocio en el ámbito doméstico, ofreciendo configuraciones que evolucionan con cada familia y momento vital.
- Se plantea impulsar la construcción industrializada para reducir costes, tiempos de ejecución y generación de residuos, sin caer en la estandarización.
Cómo la arquitectura emergente quiere cambiar la vivienda
La crisis actual ha puesto de manifiesto las limitaciones del piso estándar para hogares convencionales, y la sociedad diversa demanda espacios que puedan evolucionar con las personas y adaptarse a sus formas de habitar, trabajar o disfrutar del tiempo libre. Tres jóvenes arquitectas han presentado sus propuestas, coincidiendo en que esta disciplina tiene un papel fundamental para superar la crisis y que la vivienda debe ser más que un simple objeto económico [jóvenes arquitectas].
La valenciana València (provincia de Valencia) Carolina Martín, de 35 años, especialista en vivienda gracias a un máster y una beca Marie Curie de la Unión Europea, subraya que los arquitectos deben asumir un rol más activo ante la crisis. Este papel no debe ser solo técnico, sino también social y político, para abordar los desafíos actuales de manera integral.
La propuesta de Koivisto para Villaverde: un tapiz urbano
Amanda Luisa Koivisto, de 29 años, ha desarrollado su Trabajo de Fin de Máster (TFM) en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) con el proyecto llamado 'Made in Villaverde'. Su propuesta consiste en la rehabilitación y ampliación de la antigua nave mecánica de Boetticher y Navarro, que pertenecía al Grupo Samar, situada en el distrito periférico madrileño de Villaverde (Madrid). Koivisto busca dar una nueva vida a la herencia industrial de la zona mediante un concepto que denomina 'tapiz arquitectónico' [Made in Villaverde].
El proyecto de Koivisto, que respeta la estructura existente y las cubiertas en diente de sierra, incluye un centro de investigación y desarrollo de tecnologías verdes, una torre de viviendas y una red de espacios comunitarios al aire libre. Esta integración de producción, investigación, residencia y vida cotidiana en un mismo ecosistema urbano busca coser las fracturas causadas por las infraestructuras industriales y de transporte de Villaverde, facilitando los desplazamientos a pie o en bicicleta, y siendo un modelo exportable a otras áreas.
Las viviendas se encuentran en una torre que puede tener entre 40 y 50 pisos. Cada piso alberga dos unidades residenciales, organizadas alrededor de un núcleo central que puede ser de uso compartido o independiente, adaptándose a los diferentes grados de privacidad que cada momento vital requiere. Estas unidades se pueden combinar, ofreciendo una infinidad de configuraciones para cada tipo de familia y para cada momento del día o de la vida. Koivisto señala que, aunque la vivienda ha absorbido nuevas actividades como el trabajo o el ocio (por ejemplo, hacer yoga en el salón), la oferta inmobiliaria actual suele presentar espacios muy reducidos que no satisfacen esta demanda.
Además, Koivisto, que creció en Finlandia rodeada de bosque, defiende una arquitectura que dé espacio a la biodiversidad, creando un hábitat compartido entre personas, flora y fauna. Por ello, su diseño reserva espacios para la nidificación de aves, promoviendo una convivencia más armoniosa con el entorno natural.
El sistema modular de Gran Blázquez en Getafe
Paula Gran Blázquez, de 24 años, quien vivió su adolescencia confinada por la pandemia y ahora finaliza su formación en un contexto de crisis, presenta su TFM en la UPM con el título 'Hábitat Productivo'. Este ejercicio reconvierte el antiguo Acuartelamiento Aéreo (ACAR) de Getafe (Madrid) en un sistema residencial que evoluciona con sus ocupantes [Hábitat Productivo].
La propuesta de Gran Blázquez entiende que la vivienda no es una organización fija, sino una combinación de tres espacios: la célula privada, el espacio intermedio (sin usos preestablecidos) y la agrupación residencial. Las células privadas constituyen la unidad mínima para usos básicos como el descanso, la higiene, la cocina y la estancia. Sin embargo, la vivienda no se define por el cierre completo de estas células, como ocurre en los pisos convencionales, sino por su relación abierta y flexible con los otros dos espacios.
Un aspecto innovador del sistema es que los módulos pueden desplazarse dentro de la estructura general del edificio, ya que están insertados sobre raíles. Esta característica permite adaptar o ampliar la configuración de los espacios según las necesidades de los ocupantes. Además, es una estrategia climática, ya que durante el verano los módulos se pueden desplazar hacia la fachada norte para protegerse del sol, y a la inversa en invierno.
Gran Blázquez es partidaria de reutilizar las estructuras existentes en lugar de demolerlo todo, evitando así un "borrón" completo. También ha querido diseñar un entorno que genere actividad económica para revertir los largos desplazamientos entre la residencia y el lugar de trabajo, fomentando la proximidad y la sostenibilidad.
La visión de Carolina Martín para la construcción industrializada
La valenciana Carolina Martín, con su experiencia como especialista en vivienda, defiende que los arquitectos deben asumir un papel más proactivo ante la crisis actual, no solo desde una perspectiva técnica, sino también social y política. Entre sus propuestas, destaca la necesidad de impulsar la construcción industrializada [construcción industrializada].
Según Martín, la construcción industrializada puede contribuir significativamente a reducir los costes, los tiempos de ejecución de los proyectos y la generación de residuos. No obstante, subraya que esta apuesta por la industrialización no implica caer en la estandarización, sino que se puede mantener la flexibilidad y la personalización en los diseños, adaptándolos a las necesidades específicas de cada proyecto y usuario. Esta visión busca una arquitectura más eficiente y sostenible, capaz de responder a los retos habitacionales con innovación y responsabilidad.